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Capitulo 2
Posted by -dαиιεl-
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21:13
Los padres de Damian estaban orgullosos de el por su logro, y él, como siempre sarcástico, le daba igual. Los meses pasaron hasta que Alexandria terminó su año en el colegio. Debido a que el padre de Damian había sido transferido a otra ciudad por trabajo, ellos tuvieron que mudarse. Se mudaron a la selva amazonica, a la pequeña ciudad de Iquitos, a la cual se le podría describir como oscuramente colorida. Al llegar, Alexandria se quejaba mucho porque esta pequeña ciudad no tenía los adelantos a los que ellos estaban acostumbrados, como centros comerciales, parque de diversiones, ni si quiera habían muchas personas como ella. Damian pensó que vivir en Iquitos sería interesante y que le ayudaría con su arte, la pintura. Al ver el maravilloso paisaje forestal y a la vez sombrío le inspiraba muchas ideas.
Fueron en taxi al hotel donde se hospedarían hasta que consiguieran una casa; el hotel quedaba cerca de la plaza principal de la ciudad. Había cerca de allí una iglesia, una heladería, un pequeño cine y muchos tragamonedas; Damian pensó que quizás esta ciudad de noche sería muy alborotada, pero al recaer la noche se dió cuenta que era totalmente diferente, Iquitos era tranquila, al menos en días de trabajo. Parecía que todo estaba en orden en esta ciudad, así que Damián sonrio y entró a su habitación que la compartía con Alexandria.
-Esta ciudad es taaaaaaaan aburridaa!!!!!- se quejó Alexandria
-Ya calmate, no es tan mala, al menos tenemos mas tranquilidad que en la anterior- le respondió Damian
-Pero no es justoooo, alla tenía a mis amigos-
-Conseguiras nuevos-
-¿Tienes que ser siempre asi?-
-La verdad no es mala-
-No quiero saber en que estúpido colegio me pondrán-
-Seguro te pondrán en uno de monjas, encajarías bien-
-NOOOOOOOOOOOOO!!!!-
Dicho esto Alexandria lanzó una almohada contra el. Y empezaron a pelear con las almohadas entre risas, la verdad es que Damian difícil veces sonreía debido a su carácter sarcástico, pero se llebava muy bien con su hermana y con ella vivía sus pocos momentos de risas. Ser un vampiro no ha sido fácil para el, ha afectado en las relaciones que había tenido, era por eso que había decidido alejarse de los contactos sentimentales con los compañeros del colegio. Hubo un tiempo que en su primer colegio -antes de mudarse de la primera ciudad en la que había estado- había tenido una relación muy cercana a una chica, y el recuerda que en esos tiempos el sonreía, y era muy feliz, se podría decir que él estaba empezando a enamorarse de ella; pero una noche regresando del cine, cuatro vampiros caza-humanos los atacaron, Damian no pudo esconder mas su naturaleza, ya que tenía que defender a su amiga, pero no fue suficiente, un vampiro la mordio en el cuello y antes de que ella pudiera convertirse en uno, había muerto por el desangre. Era ésta la razón del actuar sarcástico, frío y desinteresado de Damián, al parecer aun no podía superarlo.
-Vayanse a dormir!- anunció el padre de Damian llamando a la puerta
-Esta bien!- respondieron los hermanos al unísono
Era tarde, la madrugada, y Damián veía el cielo a través de la ventana de su habitación, que se tornaba rojo, como si quisiera llover y descargar su furia precipitándose en los suelos de esta nueva ciudad.Tenía el presentimiento que algo iba a pasar, y no estaba muy seguro de que fuera bueno.
A la mañana siguiente, el día amaneció soleado y el cielo despejado, los rayos del sol calentaban el asfalto sin perdón alguno y las gotas de sudor eran inevitables.
-QUE CALOOOR!!!- se quejaba Alexandria
-Tienes razón, que carajos- dijo Damian
-Ahora, salte de la habitación que voy a bañarme y cambiarme-
-Bueno, estare desayunando abajo-
Damian dejó a su hermana en la habitación cuando se quitaba la ropa y cerró la puerta. Fue bajando por las escaleras hasta encontrar el comedor para desayunar, sus padres estaban allí tomando un jugo de naranja y comiendo unas tostadas. Parecería increíble que vampiros hagan esto como humanos normales, pero era perfectamente normal. Tenían las mismas necesidades que todos los mortales, la diferencia radicaba en que ellos necesitaba un complemento más en su
dieta, para poder mantener el metabolismo que les brindaba las capacidades que tenían.
-Hola ma, pa-
-Al fin despertaste, ven sirvete- dijo el papa de Damian
-Oh, esta bien - dijo el, mientras tomaba una tostada
-Esta ciudad es realmente pequeña, pocos edificios- dijo la mama de Damian
-Si tienes razón, es una de las razones que me preocupan-
Damian había dicho esto con una cara de preocupación que no era normal en el. Tenía un presentimiento sórdido, como si hubieran ojos observándolos en todo momento, o como si esta ciudad estuviera a punto de sufrir un colapso.
-¿Por qué dices eso?- preguntó la madre de Damián
-Ya sabes cual es nuestra naturaleza, esta ciudad no aguantaría un ataque de nuestra especie- respondió casi susurrando
-No te preocupes hijo, recuerda que no hemos tenido una pelea de esas desde que tenías seis años-
-Si pero, no lo sé, deberíamos ser cautelosos-
-Tienes razón en esa parte- dijo Phillip- de todas maneras, no nos preocupemos por eso ahora, tenemos que llevar a tu hermana a una escuela a matricularla-
Dejaron el comedor y fueron a la habitación de Alexandria, que recién había acabado de cambiarse. Se habia puesto unos pantalones apretados color morado, una camiseta amarilla de su banda favorita y sus zapatillas negras.
-¿Que? Ya terminaron de desayunar, pero no comi nada!-
-Comerás en el camino, andando- respondió Damian
-¿Tienes que ser siempre así?-
-Acostúmbrate, tienes un par de años para vivir a mi lado aun-
-Te juro que el primer...-
-Alexandria!-cortó Damian- vamos-
Alexandria lo miró a los ojos, no dijo nada, cerro la puerta y bajaron juntos las escaleras. Al llegar abajo estaba sus nuevo auto, subieron en el y se dirigieron al colegio "Nuestra Señora de Fátima". Tal vez era de esperarse que haya diferencias por idioma, pero los vampiros tenían una habilidad un tanto rara y útil; al ser parte de la evolución de los murciélagos combinado con el ADN humano, el resultado fue que ellos puedan interpretar cualquier sonido a su lenguaje debido a que las ondas enviadas eran procesadas en el cerebro y debidamente descrifrada; asi, ellos hablaban cualquier idioma y lo entendían.
-Hola, queríamos saber si podrían aceptar a mi hija en este colegio- dijo Phillip
-Hola, si claro, eh donde esta ella?- preguntó la directora
-Estoy aqui- dijo Alexandria
Los ojos de la directora se habían desorbitado un poco, debido claro a la imagen de Alexandria. Iquitos no tenía la costumbre de ver personas asi debido a que es una ciudad pequeña, a diferencia de las grandes ciudades. Alexandria le sonrió y ella le devolvió una sonrisa nerviosa.
-He, bueno, comprendo que vengan de otra cultura pero...-
-Si?-
-En este colegio no aceptamos cabellos pintados, ni este tipo de ropa, ni piercings-
-¡¿QUE?!- gritó Alexandria- No me diga que usare uniforme-
-Son nuestras normas-
-Mamaaaaaaaaaa-
-No podemos hacer nada hija, son sus reglas-
-Nooooooo-
-Esta bien, que necesitamos?-
El día pasó mientras inscribían a Alexandria al colegio, y esta no dejaba de quejarse. Damián estaba afuera viendo a la gente pasar, el barrio no le agradaba mucho, ya que era un tanto desértico, como si te diera la impresión de que cualquier cosa pudiera suceder en cualquier instante. Sus ojos estaban atentos a cualquier movimiento y sus oídos a cualquier sonido, luego vió a una chica pasar con un chico a su lado, ésta lo miró y le dirigió una sonrisa; él, extrañado, le devolvió la sonrisa tambien; el chico lo miró con aire no tan amigable, aunque le pareciera raro, el creía haber visto esos ojos antes.
-Oye- dijo una voz detrás de el
Asustado, sus sentidos volvieron de por si.
-Me asustaste- dijo Damian
-Lo siento- dijo Alexandria- ya terminaron de inscribirme en ese colegio de monjas pffff
-Te dije que lo harían, encajaras bien-
-Oh ya callate-
Subieron al auto y volvieron a casa. Su padre había conseguido una casa muy rápido, era bonita y acogedora, y estaba cerca a una pizzeria. Empezaron a mudarse a la nueva casa y a colocar los muebles, obviamente que la fuerza sobre humana que tenian era de gran ayuda para ellos, ya que les permitió terminar velozmente esa mudanza. Damian terminó de poner su ultimo poster de Job for a Cowboy en su habitación y salió a caminar para tomar aire fresco. Cuando cerró
la puerta de la casa, se fijó que la joven que había visto en el colegió vivía al costado, estaba allí sentada afuera con su hermano. Quiso aproximarse a ella, pero algo se lo impedía, sea nerviosismo, o otra cosa, sus pies no se movían. Ella se fijó en el, lo miró y le dirigió una sonrisa. Damian solo optó por sonrojarse y dar los pasos siguientes, hacia ella, su futuro.
Fueron en taxi al hotel donde se hospedarían hasta que consiguieran una casa; el hotel quedaba cerca de la plaza principal de la ciudad. Había cerca de allí una iglesia, una heladería, un pequeño cine y muchos tragamonedas; Damian pensó que quizás esta ciudad de noche sería muy alborotada, pero al recaer la noche se dió cuenta que era totalmente diferente, Iquitos era tranquila, al menos en días de trabajo. Parecía que todo estaba en orden en esta ciudad, así que Damián sonrio y entró a su habitación que la compartía con Alexandria.
-Esta ciudad es taaaaaaaan aburridaa!!!!!- se quejó Alexandria
-Ya calmate, no es tan mala, al menos tenemos mas tranquilidad que en la anterior- le respondió Damian
-Pero no es justoooo, alla tenía a mis amigos-
-Conseguiras nuevos-
-¿Tienes que ser siempre asi?-
-La verdad no es mala-
-No quiero saber en que estúpido colegio me pondrán-
-Seguro te pondrán en uno de monjas, encajarías bien-
-NOOOOOOOOOOOOO!!!!-
Dicho esto Alexandria lanzó una almohada contra el. Y empezaron a pelear con las almohadas entre risas, la verdad es que Damian difícil veces sonreía debido a su carácter sarcástico, pero se llebava muy bien con su hermana y con ella vivía sus pocos momentos de risas. Ser un vampiro no ha sido fácil para el, ha afectado en las relaciones que había tenido, era por eso que había decidido alejarse de los contactos sentimentales con los compañeros del colegio. Hubo un tiempo que en su primer colegio -antes de mudarse de la primera ciudad en la que había estado- había tenido una relación muy cercana a una chica, y el recuerda que en esos tiempos el sonreía, y era muy feliz, se podría decir que él estaba empezando a enamorarse de ella; pero una noche regresando del cine, cuatro vampiros caza-humanos los atacaron, Damian no pudo esconder mas su naturaleza, ya que tenía que defender a su amiga, pero no fue suficiente, un vampiro la mordio en el cuello y antes de que ella pudiera convertirse en uno, había muerto por el desangre. Era ésta la razón del actuar sarcástico, frío y desinteresado de Damián, al parecer aun no podía superarlo.
-Vayanse a dormir!- anunció el padre de Damian llamando a la puerta
-Esta bien!- respondieron los hermanos al unísono
Era tarde, la madrugada, y Damián veía el cielo a través de la ventana de su habitación, que se tornaba rojo, como si quisiera llover y descargar su furia precipitándose en los suelos de esta nueva ciudad.Tenía el presentimiento que algo iba a pasar, y no estaba muy seguro de que fuera bueno.
A la mañana siguiente, el día amaneció soleado y el cielo despejado, los rayos del sol calentaban el asfalto sin perdón alguno y las gotas de sudor eran inevitables.
-QUE CALOOOR!!!- se quejaba Alexandria
-Tienes razón, que carajos- dijo Damian
-Ahora, salte de la habitación que voy a bañarme y cambiarme-
-Bueno, estare desayunando abajo-
Damian dejó a su hermana en la habitación cuando se quitaba la ropa y cerró la puerta. Fue bajando por las escaleras hasta encontrar el comedor para desayunar, sus padres estaban allí tomando un jugo de naranja y comiendo unas tostadas. Parecería increíble que vampiros hagan esto como humanos normales, pero era perfectamente normal. Tenían las mismas necesidades que todos los mortales, la diferencia radicaba en que ellos necesitaba un complemento más en su
dieta, para poder mantener el metabolismo que les brindaba las capacidades que tenían.
-Hola ma, pa-
-Al fin despertaste, ven sirvete- dijo el papa de Damian
-Oh, esta bien - dijo el, mientras tomaba una tostada
-Esta ciudad es realmente pequeña, pocos edificios- dijo la mama de Damian
-Si tienes razón, es una de las razones que me preocupan-
Damian había dicho esto con una cara de preocupación que no era normal en el. Tenía un presentimiento sórdido, como si hubieran ojos observándolos en todo momento, o como si esta ciudad estuviera a punto de sufrir un colapso.
-¿Por qué dices eso?- preguntó la madre de Damián
-Ya sabes cual es nuestra naturaleza, esta ciudad no aguantaría un ataque de nuestra especie- respondió casi susurrando
-No te preocupes hijo, recuerda que no hemos tenido una pelea de esas desde que tenías seis años-
-Si pero, no lo sé, deberíamos ser cautelosos-
-Tienes razón en esa parte- dijo Phillip- de todas maneras, no nos preocupemos por eso ahora, tenemos que llevar a tu hermana a una escuela a matricularla-
Dejaron el comedor y fueron a la habitación de Alexandria, que recién había acabado de cambiarse. Se habia puesto unos pantalones apretados color morado, una camiseta amarilla de su banda favorita y sus zapatillas negras.
-¿Que? Ya terminaron de desayunar, pero no comi nada!-
-Comerás en el camino, andando- respondió Damian
-¿Tienes que ser siempre así?-
-Acostúmbrate, tienes un par de años para vivir a mi lado aun-
-Te juro que el primer...-
-Alexandria!-cortó Damian- vamos-
Alexandria lo miró a los ojos, no dijo nada, cerro la puerta y bajaron juntos las escaleras. Al llegar abajo estaba sus nuevo auto, subieron en el y se dirigieron al colegio "Nuestra Señora de Fátima". Tal vez era de esperarse que haya diferencias por idioma, pero los vampiros tenían una habilidad un tanto rara y útil; al ser parte de la evolución de los murciélagos combinado con el ADN humano, el resultado fue que ellos puedan interpretar cualquier sonido a su lenguaje debido a que las ondas enviadas eran procesadas en el cerebro y debidamente descrifrada; asi, ellos hablaban cualquier idioma y lo entendían.
-Hola, queríamos saber si podrían aceptar a mi hija en este colegio- dijo Phillip
-Hola, si claro, eh donde esta ella?- preguntó la directora
-Estoy aqui- dijo Alexandria
Los ojos de la directora se habían desorbitado un poco, debido claro a la imagen de Alexandria. Iquitos no tenía la costumbre de ver personas asi debido a que es una ciudad pequeña, a diferencia de las grandes ciudades. Alexandria le sonrió y ella le devolvió una sonrisa nerviosa.
-He, bueno, comprendo que vengan de otra cultura pero...-
-Si?-
-En este colegio no aceptamos cabellos pintados, ni este tipo de ropa, ni piercings-
-¡¿QUE?!- gritó Alexandria- No me diga que usare uniforme-
-Son nuestras normas-
-Mamaaaaaaaaaa-
-No podemos hacer nada hija, son sus reglas-
-Nooooooo-
-Esta bien, que necesitamos?-
El día pasó mientras inscribían a Alexandria al colegio, y esta no dejaba de quejarse. Damián estaba afuera viendo a la gente pasar, el barrio no le agradaba mucho, ya que era un tanto desértico, como si te diera la impresión de que cualquier cosa pudiera suceder en cualquier instante. Sus ojos estaban atentos a cualquier movimiento y sus oídos a cualquier sonido, luego vió a una chica pasar con un chico a su lado, ésta lo miró y le dirigió una sonrisa; él, extrañado, le devolvió la sonrisa tambien; el chico lo miró con aire no tan amigable, aunque le pareciera raro, el creía haber visto esos ojos antes.
-Oye- dijo una voz detrás de el
Asustado, sus sentidos volvieron de por si.
-Me asustaste- dijo Damian
-Lo siento- dijo Alexandria- ya terminaron de inscribirme en ese colegio de monjas pffff
-Te dije que lo harían, encajaras bien-
-Oh ya callate-
Subieron al auto y volvieron a casa. Su padre había conseguido una casa muy rápido, era bonita y acogedora, y estaba cerca a una pizzeria. Empezaron a mudarse a la nueva casa y a colocar los muebles, obviamente que la fuerza sobre humana que tenian era de gran ayuda para ellos, ya que les permitió terminar velozmente esa mudanza. Damian terminó de poner su ultimo poster de Job for a Cowboy en su habitación y salió a caminar para tomar aire fresco. Cuando cerró
la puerta de la casa, se fijó que la joven que había visto en el colegió vivía al costado, estaba allí sentada afuera con su hermano. Quiso aproximarse a ella, pero algo se lo impedía, sea nerviosismo, o otra cosa, sus pies no se movían. Ella se fijó en el, lo miró y le dirigió una sonrisa. Damian solo optó por sonrojarse y dar los pasos siguientes, hacia ella, su futuro.











